miércoles, 29 de abril de 2009

La niña y el caballo.



Habia una vez una niña que conoció la mirada de un caballo. Entró en el universo infinito de la huella de la tierra y el viento. Esa huella tenía el corazón de la paz, la palabra misterio y la sensación del amar-vivir.

Un día esa niña no sólo miró al caballo sino que dejó que se le acercara y empezaron a hablar con sus pieles. La mano conoció el suave tacto del hocico, el terciopelo de su cuero y terminó conociendo la diferencia entre sus pies. El pie hueso se paró sobre la uña-cueva y descubrió la firmeza de su raiz impulso.

La niña le llevaba palabras que acariciaban melódicamente a su amigo. Su amigo le soplaba en la mano , le acercaba la cabeza para que ella pudiera ver sus ideas de brisa y hierba , sus sueños de cuatro patas, sus relinchos poemas y la imagen de la libertad galopada.

El caballo le dió un regalo que ella sólo pudo sentir cuando él ya se había ido. Un regalo que le entregó jugando a ser uno , corriendo entre olas y soles, jugando a peinarse , a corcobear , a asustarse de una piedra con forma de serpiente en el camino, a saltar juntos troncos y vallas, a comer zanahorias y azúcar.

Cuando los años pasaron, los soles giraron y fueron de tantos colores como dias tiene el mundo, encontró el regalo entre sus recuerdos. El caballo le dejó la huella de la niña y el caballo en el viento, en la tierra, los mares y los soles.


4 comentarios:

el oso dijo...

Un bello homenaje a la amistad, a los fieles animales que nos han elegido como compañeros.
Besotes

Literaria dijo...

besotes Oso!!!
Adoro los caballos, los animales.
relinchos en el red! : )

caminante dijo...

La mirada, el tacto, la palabra, un sueño. Todo ello es ya un regalo.
Recuerdo tu entrada "Teclas en tus ojos" y he sido varios lectores distintos.
Leer tus texto ha sido nuevamente un regalo para mí.
Un beso
Juanjo

Literaria dijo...

Gracias Juanjo !
Tu presencia y tus animos también son un regalo !
Besos